La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Rodolfo comienza por volver a discutir todas las objeciones vulgares que se han elevado contra la pena de muerte; no tiene efecto sobre el criminal y tampoco sobre el pueblo, que no ve en ella más que un espectáculo divertido. Además, establece una diferencia entre el Maestro de Escuela y el alma del Maestro de Escuela. No es al hombre, no es al verdadero Maestro de Escuela a quien quiere salvar, sino al alma del Maestro de Escuela.
«La salvación del alma es algo sagrado» —dice con tono doctoral—. «Todo crimen se expÃa y se rescata, ha dicho el Salvador; pero el trayecto del tribunal al cadalso es demasiado corto; se necesita tiempo para la expiación y el arrepentimiento… Has abusado criminalmente de tu fuerza… yo paralizaré tu fuerza… Los más vigorosos temblaban delante de ti…, temblarás delante de los más débiles… En fin, tu castigo igualará a tus crÃmenes… Pero este espantoso castigo te dejará al menos el porvenir sin lÃmites de la expiación… SÃ, yo te privo para siempre de los esplendores de la creación…, te hundo en una noche impenetrable…, solo… con el recuerdo de tus culpas…, para que contemples continuamente su enormidad. SÃ; aislado para siempre del mundo exterior, estarás obligado a mirar dentro de ti. Algún dÃa tu inteligencia, a la que has degradado, te fortificará mediante los remordimientos, te elevará mediante la expiación»[54].