La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Eugène Sue declara: «Nos sentiríamos satisfechos si nuestra débil voz pudiera ser, si no contada, al menos escuchada entre todas aquellas que, más imponentes, más elocuentes que la nuestra, piden con tan justa y tan impaciente insistencia la aplicación completa, absoluta, del sistema celular»[64]. El deseo de Eugène Sue no se ha realizado más que parcialmente. En los debates que este año se han realizado en la Cámara de Diputados sobre el sistema celular, los mismos defensores oficiales de ese sistema han tenido que reconocer que, tarde o temprano, terminaba llevando a la locura. Por tanto, era necesario convertir en deportación todas las penas que excedieran de 10 años de prisión. Si los señores Tocqueville y Beaumont hubiesen estudiado a fondo la novela de Eugène Sue, hubieran hecho triunfar ciertamente la aplicación absoluta, integral, del sistema celular.
En efecto: si Eugène Sue separa de la sociedad a los criminales que poseen toda su razón, y esto para convertirlos en locos, da sociedad a los locos para hacerles recobrar la razón. La experiencia —dice— prueba que el aislamiento, para los alienados, es tan funesto, como saludable para los detenidos criminales.