La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Si a esta revelación crítica de los misterios jurídicos agregamos aún las grandes reformas que Eugène Sue quiere realizar en el mundo de los porteros, comprenderemos al periódico parisiense Satán. En ese periódico los vecinos de un barrio de la ciudad escriben a ese «gran reformador a tanto la línea» que sus calles todavía carecen de iluminación a gas. Sue responde que en el sexto volumen de su Judío errante remediará ese inconveniente. Los de otro barrio se quejan de la insuficiencia de la instrucción primaria. El señor Sue promete realizar, en el décimo volumen de su Judío errante, la reforma de la instrucción primaria de ese barrio.
El señor Szeliga escribe: «Rodolfo no se detiene en su elevado punto de vista… No retrocede ante el trabajo de ocupar a su elección los puntos de vista más diversos: arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda».
Uno de los principales misterios de la crítica crítica es el punto de vista, así como su condena, colocándose en el punto de vista del punto de vista. A sus ojos, todo hombre y toda producción intelectual devienen simples puntos de vista.
Nada es más fácil que penetrar el misterio del punto de vista. Para eso basta haber aclarado el misterio general de la crítica crítica, que consiste en volver a servir continuamente su viejo galimatías especulativo.
