La Sagrada Familia
La Sagrada Familia Porque el «mundo religioso como tal» existe únicamente en tanto que mundo del conocimiento, el crÃtico crÃtico —teólogo ex profeso— no podrÃa imaginar que existe un mundo donde hay una distinción entre el conocimiento y el ser, un mundo que continuará subsistiendo cuando yo suprimo simplemente su existencia ideal, su existencia como categorÃa, como punto de vista, es decir, cuando yo modifico mi propio conocimiento subjetivo sin modificar de manera realmente objetiva la realidad objetiva, esto es, sin modificar mi propia realidad objetiva, la mÃa y la de los otros hombres. La identidad mÃstica especulativa del ser y del pensamiento se encuentra por tanto en la crÃtica como la identidad no menos mÃstica de la práctica y de la teorÃa. De aquà la cólera de la crÃtica contra la práctica que pretende ser aún otra cosa que teorÃa, y contra la teorÃa que pretende ser todavÃa otra cosa que la reducción de una categorÃa determinada a la «universalidad ilimitada del conocimiento». La propia teorÃa se limita a declarar que todo lo que está determinado resulta simplemente la antinomia de esa universalidad ilimitada y, por tanto, no existe; tal es, por ejemplo, el Estado, la propiedad privada, etc. Por otra parte, está obligada a mostrar cómo el Estado, la propiedad privada, etc., transforman a los hombres en abstracciones, o son productos del hombre abstracto en lugar de ser la realidad del hombre individual y concreto.