La Sagrada Familia

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El verdadero Proudhon dice[9]: «No construyo un sistema: pido el fin del privilegio, etc.» (p. 15). En otros términos, el verdadero Proudhon declara que no persigue fines científicos abstractos, sino que formula con respecto a la sociedad reivindicaciones inmediatamente prácticas. Y la reivindicación que formula no es arbitraria. Está motivada y justificada por todo el desarrollo que da; ella es el resumen de ese desarrollo, pues: «Justicia, nada más que justicia; tal es el resumen de mi exposición». El Proudhon caracterizado está tanto más cohibido por su frase: «Justicia, nada más que, justicia, he aquí lo que quiero decir», cuando él quiere decir todavía algo muy diferente y que, por ejemplo —según el informe del señor Edgar—, «cree» que la filosofía no ha sido bastante práctica, e igualmente «cree» refutar a Charles Comte, etcétera.

El Proudhon crítico se pregunta: ¿Debe ser el hombre, pues, eternamente desgraciado?; es decir, se pregunta si la desgracia es el destino moral del hombre. El verdadero Proudhon es un francés irreflexivo y se pregunta si la desgracia es una necesidad material, una obligación ineludible: «¿Debe ser el hombre eternamente miserable?» (p. 15).



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