La Sagrada Familia
La Sagrada Familia En este periódico, los «libres» de Berlín trataban de fundamentar su ideario, o lo que ellos llamaban su ideario. Bruno Bauer fue invitado por Froebel a colaborar en los Anales franco-alemanes [Deutsch-Französische Jahrbücher], pero después de muchas cavilaciones, se abstuvo; al tomar esta decisión no se limitaba a ser fiel a su propia conciencia filosófica: también se debía a que Marx y Ruge habían herido sensiblemente a su conciencia personal. Sus mordaces alusiones a la Rheinische Zeitung [Gaceta del Rhin], de «santa memoria», a los «radicales» y a los «listos del año 1842», etc., tenían un fondo justo: a pesar de todo. La rapidez y la facilidad con que la reacción romántica destruyó los Anales alemanes y la Gaceta del Rhin, en cuanto estos órganos dejaron la filosofía para pasarse a la política, y la absoluta indiferencia con que la «masa» contempló este «ametrallamiento» del «espíritu», arraigaron en Bauer la convicción de que por este camino no se iba a ninguna parte. Para él, la salvación estaba en retornar a la filosofía pura, a la teoría pura, a la crítica pura; y, efectivamente, nada ni nadie se opondrían a este plan de levantar un gobierno omnipotente del mundo en la esfera de las nubes ideológicas.
