Miseria de la filosofia

Miseria de la filosofia

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«La teoría de Ricardo responde a esta cuestión. En los comienzos de la sociedad, cuando el hombre, nuevo sobre la tierra, no tenía ante sí más que la inmensidad de los bosques, cuando la tierra era mucha y la industria sólo se hallaba en germen, la renta debía equivaler a cero. La tierra, no cultivada aún por el hombre, era un objeto de utilidad; no era un valor de cambio: era común, pero no social. Poco a poco, a consecuencia de la multiplicación de las familias y del progreso de la agricultura, la tierra comenzó a adquirir precio. El trabajo dio al suelo su valor, y de ahí nació la renta. Cuantos más frutos podía proporcionar un campo con la misma cantidad de trabajo, tanto mayor era la evaluación de la tierra; por eso los propietarios tendían siempre a atribuirse la totalidad de los frutos del suelo, descontado el salario del arrendatario, es decir, descontado el coste de producción. Por tanto, la propiedad arrebata en seguida al trabajo todos los frutos que quedan después de los gastos reales de producción. Mientras que el propietario cumple un deber místico y representa con relación al colono la comunidad, el arrendatario no es, en los designios de la Providencia, más que un trabajador responsable, que debe dar cuenta a la sociedad de todo lo que obtiene por encima de su salario legítimo… Por su esencia y su destino la renta es, consiguientemente, un instrumento de justicia distributiva, uno de los mil medios de que se vale el genio económico para llegar a la igualdad. Es un inmenso catastro formado desde puntos de vista opuestos por los propietarios y los arrendatarios, sin solución posible, en aras de un fin superior, y cuyo resultado definitivo debe consistir en igualar la posesión de la tierra entre los explotadores del suelo y los industriales… Era precisa esta fuerza mágica de la propiedad para arrancar al colono el excedente del producto, que él no puede por menos de considerar suyo, creyendo ser su autor exclusivo. La renta, o, mejor dicho, la propiedad del suelo, ha destruido el egoísmo agrícola y creado una solidaridad que no habría podido ser engendrada por fuerza alguna, por ningún reparto de tierras… En el presente, obtenido el efecto moral de la propiedad, queda por hacer la distribución de la renta». [II, 270-272]


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