Miseria de la filosofia

Miseria de la filosofia

Estos fabricantes son los mismos filántropos que han querido hacer creer a los obreros que eran capaces de realizar dispendios enormes únicamente para mejorar la suerte de éstos.

Así, de un lado cercenan de la manera más mezquina el salario del obrero valiéndose de los reglamentos de fabrica, y, de otro, se imponen los mayores sacrificios para elevarlo con el concurso de la Liga contra las leyes cerealistas.

A costa de grandes dispendios construyen palacios en los que la Liga establece en cierto modo su sede oficial, envían un ejército de misioneros a todos los puntos de Inglaterra para que prediquen la religión del libre cambio, publican y distribuyen gratis millares de folletos para hacer ver a los obreros sus propios intereses, gastan sumas enormes para atraer a su lado a la prensa, montan un gran aparato administrativo para dirigir los movimientos librecambistas y derrochan elocuencia en los mítines públicos. En uno de esos mítines un obrero exclamó:

«¡Si los propietarios de la tierra vendiesen nuestros huesos, vosotros, los fabricantes, seriáis los primeros en comprarlos para echarlos a un molino de vapor y hacer con ellos harina!»


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