Miseria de la filosofia

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«Las cosas, una vez reconocidas como útiles por sí mismas, extraen su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez y de la cantidad de trabajo necesario para obtenerlas. Hay cosas cuyo valor no depende más que de su escasez. Como ningún trabajo puede aumentar su cantidad, el valor de ellas no puede bajar aumentando la oferta. Tal es el caso de las estatuas o los cuadros de gran valor, etc. Este valor depende únicamente de la riqueza, de los gustos o del capricho de quienes desean adquirir semejantes objetos» (págs. 4 y 5, t. I, lug. cit.). «Pero en el conjunto de mercancías que se cambian a diario, el número de esos objetos es muy reducido. Como la inmensa mayoría de las cosas que se desea poseer son fruto del trabajo, se las puede multiplicar, no solamente en un país, sino en muchos, hasta un grado que es casi imposible limitar, siempre que se quiera emplear el trabajo necesario para crearlas» (pág. 5, t. I, lug. cit.). «Por eso, cuando hablamos de mercancías, de su valor de cambio y de los principios que regulan su precio relativo, no tenemos en cuenta sino aquellas mercancías cuya cantidad puede acrecentarse por el trabajo humano y cuya producción es estimulada por la competencia y no tropieza con traba alguna» (t. I, pág. 5).

Ricardo cita a A. Smith, que, según él, «ha determinado con gran precisión la fuente primitiva de todo valor de cambio» (cap. 5, libro I de Smith), y agrega:


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