La Biblioteca de la Medianoche
La Biblioteca de la Medianoche Sale al escenario. La multitud grita su nombre. Toma la guitarra, cierra los ojos, deja que los acordes fluyan por sus dedos. Y durante unos minutos, siente algo parecido a la felicidad.
Pero es una felicidad empañada por una sensación punzante, una fisura imperceptible en la realidad. No recuerda los sacrificios, las noches sin dormir, las lágrimas que derramó en esta vida para llegar hasta aquÃ. No recuerda haber tomado esta decisión.
Y entonces, mientras la música se funde en la euforia del público, siente cómo la Biblioteca empieza a reclamarla de nuevo.
Oscuridad.
Cuando abre los ojos, está de vuelta.
—No encajaba —susurra.
La señora Elm la observa con ternura.
—No se trata solo de desear una vida, Nora. Se trata de vivirla.
Nora aprieta los puños.
—Tiene que haber una en la que sà encaje.
La señora Elm sonrÃe.
—Entonces sigamos buscando.
Otro libro. Otro intento. Pero la pregunta empieza a latir en su mente como un tambor inquietante:
¿Y si nunca encuentra la vida correcta?
Nora abre otro libro. Y otro. Y otro.
