La Biblioteca de la Medianoche
La Biblioteca de la Medianoche Nora no responde. No puede. En su cabeza, cada error, cada mala decisión, cada sueño que dejó morir, desfilan uno tras otro como una procesión espectral. El peso es insoportable.
El mensaje de su hermano, distante, como siempre. La visita a su antiguo profesor de música, un recordatorio de lo que pudo haber sido. El despido de la tienda de música, el último clavo en un ataúd invisible.
Una vida desperdiciada.
Cuando llega a casa, las paredes se sienten más estrechas, la gravedad más intensa. Se sienta en el sofá con una caja de antidepresivos en la mano. Mira su teléfono. Nadie ha llamado. Nadie llamará.
La vida es solo una serie de caminos que nunca tomó.
Y entonces, deja de serlo.
Oscuridad.
Cuando abre los ojos, el mundo es diferente. Un espacio infinito de estanterías se extiende en todas direcciones, más allá de la lógica, más allá de cualquier arquitectura imaginable. Los libros se alinean como si esperaran ser elegidos.
—Bienvenida a la Biblioteca de la Medianoche, Nora —dice una voz.
La señora Elm. Su antigua bibliotecaria de la infancia. Igual que la recuerda, con su mirada sabia y sus manos suaves sobre la cubierta de un libro.
