La mancebia
La mancebia
Estábamos en un hotel de la calle de Grenelle, propiedad de uno de los amigos allà reunidos. Cada cual de nosotros habÃa contado su historia, una historia que afirmaba ser verdadera.
El marqués de la Tour-Samoriel, que no habÃa hablado todavÃa, se levantó y fue a apoyarse en la chimenea. Era un anciano de ochenta y dos años de edad, de aspecto respetable y simpático. En medio del silencio que reinaba, dijo con voz algo temblorosa.
—Yo también sé un historia hasta tal punto extraña, que ha sido la obsesión de mi vida.
Hace más de cincuenta y seis años que me ocurrió la aventura que voy a contarles, y no pasa un mes sin que sueñe con ella. Desde aquel dÃa me ha quedado algo asà como una marca, como una huella de miedo… ¿Comprendéis? SÃ, durante diez minutos he experimentado un tan horrible espanto, que desde aquella hora me ha quedado en el alma una especie de terror constante. Los ruidos inesperados me hacen estremecer. Los objetos que distingo mal en las sombras de la noche me hacen sentir un deseo, una necesidad loca de escapar. En fin, que tengo miedo de noche como los niños.
