La mancebia
La mancebia
… Amo las flores, no como flores, sino como seres vivientes, deliciosos. Paso los dÃas y las noches en el invernadero, donde las guardo como a las mujeres en el harén… Nadie, fuera de mÃ; conoce la dulzura, el éxtasis sobrehumano de estas ternuras… Nadie conoce el sabor de estos besos sobre la carne roja, fina, blanca, delicada, rara, de estas flores.
Tengo estufas donde no penetra nadie más que yo y el encargado de cuidarlas. Entro allà como si entrase en un retiro de secretos placeres… Por la alta galerÃa de cristales paso entre dos masas de corolas; unas cerradas, otras entreabiertas o abiertas del todo y dispuestas en declive. Es el primer beso que me envÃan… Estas flores que adornan el vestÃbulo de mis pasiones misteriosas, no son aun mis favoritas, sino mis sirvientes. Me saludan al paso con sus brillantes matices y sus frescas exhalaciones Son lindas, coquetas, dispuestas en ocho filas a la derecha y ocho a la izquierda, formando dos jardines que vienen a morir a mis pies.
Al verlas, mi corazón palpita, mi mirada se ilumina, mà sangre se agita, mi alma se exalta y mis manos tiemblan con el deseo de tocarlas… En el fondo de aquella alta galerÃa hay tres puertas cerradas… Puedo elegir el que más me plazca de aquellos tres harenes.
