Nuestro corazon
Nuestro corazon ÉLISABETH LLEGÓ A Montigny al día siguiente; venía tras ella un campesino que llevaba su baúl en una carretilla. Mariolle se había librado de una de sus sirvientas ancianas con una generosa indemnización y la recién llegada se instaló en un cuartito del segundo piso, al lado de la cocinera.
Cuando se presentó ante su amo, le pareció algo diferente de como se comportaba en Marlotte, menos expansiva, más humilde; era ahora la sirvienta de aquel señor con el que mantenía antes casi una modesta amistad en la glorieta de la hospedería.
Mariolle le indicó en pocas palabras lo que tendría que hacer. Ella lo escuchó con gran cuidado, se aposentó y empezó a trabajar.
