Nuestro corazon
Nuestro corazon CUANDO SE PRESENTÓ ante él a la mañana siguiente, con el té, y se cruzaron sus miradas, le entró a Élisabeth temblor tal que la taza y el azucarero chocaron varias veces seguidas.
Mariolle se le acercó, le quitó la bandeja, la puso encima de la mesa y le dijo, al ver que bajaba los párpados:
—Mírame, pequeña.
Lo miró con las pestañas llenas de lágrimas.
Él siguió diciendo:
—No quiero que llores.
