Nuestro corazon
Nuestro corazon ERA UNA HABITACIÓN grande, luminosa y con las paredes y el techo tapizados de admirables telas persas que había traído un amigo del cuerpo diplomático. Tenían el fondo amarillo, como si las hubieran sumergido en unas doradas natillas; y el estampado, de mil matices entre los que dominaba el verde de Persia, representaba curiosas edificaciones con tejados de puntas curvadas hacia arriba, en torno a las que corrían leones con peluca y antílopes con desmesurados cuernos y revoloteaban aves paradisíacas.
