Pedro y Juan
Pedro y Juan —Juan, ven a ver qué bien está esto.
Juan se levantó y se admiró por complacerla.
Cuando volvió a sentarse su madre se acercó a su sillón, y enlazándole el cuello con el brazo derecho le besó, dejando sobre la chimenea un objeto pequeño envuelto en un papel blanco que tenía en la otra mano.
—¿Qué es eso? —preguntó Juan. Su madre no contestó, y él comprendiendo entonces y reconociendo la forma del cuadro, dijo:
—Dame.
Pero ella fingió no oír y se volvió a los armarios. Juan se levantó, cogió vivamente aquella dolorosa reliquia, y atravesando la habitación fue a guardarla bajo llave en su escritorio. La pobre madre enjugó una lágrima que asomaba a sus ojos, y dijo con voz un poco temblorosa:
—Ahora voy a ver si tu criada tiene bien la cocina. Como ha salido podré inspeccionarlo todo detenidamente.