Pedro y Juan
Pedro y Juan El lector, que desea únicamente satisfacer en la lectura del libro la tendencia natural de su espÃritu, pide al escritor que responda a su gusto predominante, y califica invariablemente de notable o de bien escrito el libro, o el fragmento del libro que complace a su imaginación idealista, alegre, picaresca, triste, soñadora o positiva.
En suma, el público está compuesto de grupos numerosos que nos dicen:
—Consoladme.
—Entristecedme.
—Enternecedme.
—Hacedme soñar.
—Hacedme reÃr.
—Hacedme estremecer.
—Hacedme llorar.
—Hacedme pensar.
Solamente algunas inteligencias privilegiadas piden al artista:
—Mostradme algo nuevo y bello, en la forma que mejor os convenga, según vuestro temperamento.
El artista prueba a hacerlo, y triunfa o fracasa.
El crÃtico sólo debe de apreciar el resultado según la naturaleza del esfuerzo, y no tiene para qué preocuparse de las tendencias.
Esto se ha escrito ya mil veces, y es preciso, sin embargo, repetirlo.
