El halcón pirata
El halcón pirata Pasó más de una semana, y aún seguía Coe prisionero en la antigua casa Manor. No se había presentado ninguna coyuntura para escapar, y ni las ofertas ni las amenazas bastaron para sobornar a los guardianes.
Sin embargo, si no hubiese sido porque sabían que estaba prisionero, y porque ignoraba cuál iba a ser su suerte, John Coe no habría echado tan de menos su libertad, pues la señorita Adda Revere hacía cuanto le era posible para que fuese más llevadera la situación del prisionero.
No obstante, a pesar de la afabilidad de su compañera y de sus obsequiosas atenciones, Coe no pudo conseguir que le refiriese su historia, la cual tenía gran curiosidad por saber desde que Adda le aseguró que se habían conocido en otro tiempo. El prisionero debió contentarse con la promesa que le hizo la joven de referírsela en otra ocasión más oportuna.
La señorita Adda Revere estaba encargada de dulcificar la cautividad de Coe, y también de inducirle a tomar parte en las empresas del capitán Vance.
Ya hemos visto que Adda consiguió lo primero; pero en cuanto a lo segundo, ni siquiera lo intentó: limitóse a persuadirle a resignarse con su situación hasta que se le presentara oportunidad de escapar.
