El halcón pirata
El halcón pirata El último fuego que había sufrido la Duquesa le causó bastante daño, pues murieron dos hombres, quedando tres gravemente heridos; y cuando los piratas se preparaban a lanzarse al abordaje, el capitán Johnson no contaba sino con nueve hombres para resistir, hallándose los demás ocupados en la maniobra. Los enemigos iban a precipitarse furiosamente en triple número: además de los diez hombres que debían quedar custodiando el bergantín, el jefe pirata disponía aún de otros treinta.
John Coe permanecía inmóvil junto a la banda de estribor del bergantín, dispuesto a saltar a bordo de la Duquesa: agitábale una especie de estremecimiento, y elevaba mentalmente una oración al Todopoderoso para que le guiase por el buen camino en aquella terrible crisis de su vida.
En el momento de acercarse los buques, sintió que le tocaban en el hombro, y al volverse vio a su lado a la hermosa Adda.
—¡Por amor de Dios, señorita! —exclamó en voz baja, aunque con acento severo—. ¿Qué hacéis aquí?
Retiraos a la cámara, y evitad en lo posible el peligro. Es casi seguro que pereceríais; aquí no hay lugar para una mujer indefensa.
