La montaña perdida
La montaña perdida Apenas Enrique Tresillian había dado c:en pasos, cuando los indios pasaron por el lugar que acababa de abandonar. Felizmente no les dió la idea de mirar hacia la montaña y por eso no vieron la cuerda que colgaba todavía. Por su parte, el joven no vió tampoco a los indios y sin vacilar se dirigió hacia el lugar en que se figuraba encontrar su caballo, a juzgar por lo que observara poco antes de ponerse el sol. Desde luego el caballo podía haberse alejado en cualquier dirección, pero antes de volver a la montaña, como había sido convenido, se esforzaría en ver si lograba encontrar a su buen corcel.
En último extremo lo llamaría, como había hecho tantas veces y estaba seguro de que el animal acudiría en caso de que lo oyera.
Había recorrido ya media milla y se preguntaba si sería conveniente llamar a Cruzado, pero prefirió seguir guardando silencio para el caso de que los indios estuvieran patrullando por las cercanías.
De pronto oyó el ruido que producía un caballo al galope y escuchando atentamente, reconoció que era Cruzado. ¿Por qué corría de aquel modo? ¿Lo perseguirían un lobo o los indios?
