La montaña perdida
La montaña perdida Los primeros iban acompañados de sus mujeres y de sus hijos, que no habían temido partir en un viaje tan lejano; pero todos los demás hombres de la expedición, exceptuando a los jefes, iban solos.
Aquella caravana, conducida por el gambusino, acababa de hacer alto en la marcha. Su guía había descubierto una mina de oro en el gran desierto de Sonora, pero siéndole imposible explotarla él solo, después de denunciarla propuso el negocio a los dos hombres que le acompañaban y que eran los eventuales compradores de sus derechos.
Estos, los señores Villanueva y Tresillian, poseían ricas minas cerca de la ciudad ce Arispe, y dados los informes acerca del descubrimiento del gambusino, no habían tenido inconveniente en entrar en tratos con él para una nueva explotación.
Los tres hombres se alejaron un poco de la caravana; en sus rostros se pintaba la preocupación, porque agotadas sus provisiones de agua, hacía ya tres días que se carecía del precioso líquido, tanto para los hombres como para los animales. La situación era, pues, gravísima, ya que la llanura que se extendía ante ellos, seca y árida, no ofrecía el menor vestigio de humedad, y, en el caso de que no se hallara agua muy en breve, las consecuencias podían ser terribles.