La montaña perdida
La montaña perdida Los indios se acercaron al campamento, pero luego se detuvieron para observar. Evidentemente no se habÃa equivocado don Pedro cuando dijo que los pieles rojas se detenÃan por miedo de encontrar el campamento lleno de soldados, porque el Cascabel reunió a los subjefes, deciéndoles:
—Esos carros prueban que el campamento es de hombres blancos, pero ¿quiénes serán?
—Probablemente mineros — dijo uno de los subjefes.
—También es posible que sean soldados —dijo otro.
—De ser asà ya habrÃamos visto sus uniformes-replicó el Cascabel—. Y como parece que se ocultan hemos de suponer que nos tienen miedo.
Convencidos ya de que los viajeros serán blancos pacÃficos, los salvajes reanudaron su movimiento de avance estrechando cada vez más el cÃrculo. Pero los pieles rojas sentÃan crecer su asombro a medida que se adelantaban, pues les parecÃa muy raro que no se hubiese dejado ver ninguno de los hombres del campamento.
¿TendrÃan, acaso la intención de defenderse? En previsión de ello valÃa más atacar impetuosamente. Echaron a correr en dirección a los carros, pero el silencio de! campamento continuaba siendo el mismo.
