La montaña perdida
La montaña perdida Este drama se desarrolló en muy poco tiempo, pues apenas transcurrieron unos minutos desde el momento en que los centinelas oyeron los clamores de sus compañeros hasta que los dos osos quedaron muertos.
Los centinelas se apresuraron a volver a sus puestos, pues estaban inquietos ante la posibilidad de que los indios se hubieran aprovechado de aquellos minutos.
Mientras se alejaban, todos los demás proferían exclamaciones de júbilo por la muerte de las terribles fieras, pues ello habría podido terminar en una verdadera catástrofe; pero las voces de júbilo cesaron al ver un cuerpecillo que yacía sin vida en el suelo. Por unos momentos creyeron que el desgraciado niño estaba solamente herido, pero no podían ya abrigar ninguna esperanza de ello, pues fué destrozado por el zarpazo de la fiera.
Entonces se oyó el sollozo desesperado de la pobre madre, al que, muy pronto, se unieron los llantos de compasión de las demás mujeres y aun de algunos hombres que no podían contemplar, impasibles, aquella horrible muerte de un pequeño ser inocente.
