Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10)
Una herencia salvaje (Las guerreras Maxwell 10) Por primera vez en mucho tiempo, la soledad del castillo no le pareció tan insoportable.
La calma que Amanda había llevado a Aviemore comenzó a resquebrajarse cuando llegaron las noticias: Lady Bedellia, madre de Scarlett, venía en camino. Joshua fue quien lo comunicó, con el gesto grave de quien sabe que los fantasmas del pasado no se conjuran fácilmente. —¿Por qué ahora? —preguntó Brodrick, golpeando con el puño el borde de la mesa. —Dice que necesita hablar sobre sus nietos —respondió Joshua. El conde cerró los ojos con rabia contenida. No era ignorante del verdadero propósito de aquella mujer: Bedellia siempre había considerado que su hija se rebajó al casarse con él, y ahora, con Scarlett muerta, buscaba recuperar el control sobre Peyton y Ossian.
Amanda escuchó la conversación desde el pasillo. No conocía a Lady Bedellia, pero el tono en la voz de Brodrick le bastaba para entender que la mujer representaba una amenaza, no solo para los niños, sino para el frágil equilibrio emocional que el conde intentaba sostener.
