PÃdeme lo que quieras
PÃdeme lo que quieras —¿Qué haces conmigo si no puedes aceptarme como soy?
—Te quiero a mi manera.
—Tu manera me está rompiendo.
Judith se va. Cierra la puerta con lágrimas en los ojos, con la piel marcada por las caricias… y el alma por la herida.
—
Ahora está sola. Pero libre. O eso cree.
Judith ha roto con Eric. Se ha marchado, ha intentado reconstruirse. Pero el vacÃo que deja no es fácil de llenar. Sus dÃas transcurren entre lágrimas contenidas, salidas con amigos y una rutina que ya no sabe cómo habitar sin él.
Eric, sin embargo, no desaparece. La busca. Le escribe. La acecha a la distancia. Y cuando al fin se presenta frente a ella, lo hace con una confesión inesperada.
—No sé vivir sin ti —le dice, con voz baja y ojos cansados.
Judith intenta resistirse. Pero su piel lo recuerda. Su cuerpo lo extraña. Y cuando él la toca, todo lo racional se quiebra. Vuelven. Pero ahora con nuevas reglas, o eso pretende ella. Más equilibrio, más comunicación. Menos control.
