Pídeme lo que quieras
Pídeme lo que quieras Judith, abanicándose con desesperación, intenta bromear para calmar sus nervios. Le ofrece un chicle, y él se lo mete en la boca con una sonrisa seductora. Ella, sorprendida, responde con el mismo gesto. Hay algo magnético en ese extraño. Un tipo tan elegante como misterioso, con un tono extranjero en su voz.
—¿Eres nuevo en la empresa? —pregunta Judith.
—No exactamente —responde él.
Cuando finalmente logran salir del ascensor, Judith intenta dejar atrás el extraño episodio. Pero al día siguiente, descubre que aquel hombre es nada menos que Eric Zimmerman, el nuevo jefe alemán de la empresa. Él no la ha olvidado. Y lo demuestra con una propuesta tan profesional como inquietante: quiere que Judith le acompañe en su gira por las diferentes delegaciones de Müller en España. ¿Por qué ella? La razón va más allá de lo laboral.
—Me gusta tu sinceridad. No estás interesada en impresionar. Eso me interesa.
A pesar de las advertencias de su amiga Raquel y del evidente carácter controlador de Eric, Judith acepta. Pero este no es un jefe cualquiera. Es directo, provocador y no tiene filtros para lo que desea.