Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero —Y adiós a ti también, viejo Derechos del Hombre.
—¡Sentaos! —gritó el teniente, que asumió al instante el rigor de su rango y a duras penas pudo reprimir una sonrisa.
Sin duda, el comportamiento de Billy suponÃa una terrible violación del decoro naval. Pero nadie le habÃa enseñado dicho decoro; y el teniente no habrÃa sido tan enérgico de no haber sido por su forma de despedirse del barco. Lo tomó por un ataque disimulado del nuevo recluta, un soterrado improperio contra el reclutamiento forzoso en general y el suyo en particular. Pese a todo, lo más probable es que, por satÃrico que pareciese, no fuese intencionado, porque Billy, aunque felizmente dotado con la alegrÃa que dan la buena salud, la juventud y un espÃritu libre, no era dado a la sátira. Le faltaban tanto voluntad como malevolencia. La doblez y las insinuaciones no podÃan ser más ajenas a su naturaleza.
En cuanto a su alistamiento forzoso, dio la impresión de tomárselo como un cambio del tiempo. Al igual que los animales, en la práctica era, sin saberlo y pese a no ser filósofo, un fatalista. Y hasta puede que le gustara ese giro aventurero de sus asuntos, que parecÃa prometer nuevas vicisitudes y emociones marciales.