Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En fin, si dejásemos de lado la discutible cuestión de si por diversas razones era posible o no que la flota fondeara, los benthamitas[19] de la guerra siempre podrían defender dicha opinión. Pero discutir sobre lo que podría o no haber sido es como construir sobre terreno pantanoso. Y, sin duda, en lo que respecta a las precauciones ante la batalla y los preparativos —señalando los bajos y registrándolos en las cartas, como en Copenhague—, pocos capitanes han sido tan circunspectos como ese mismo temerario que expuso con tanto arrojo su vida en el combate.
La prudencia personal, incluso cuando está dictada por consideraciones ajenas al egoísmo, no es, qué duda cabe, una especial virtud en un militar; mientras que un excesivo amor por la gloria, que imprime pasión a otro impulso menos ardiente como el honrado sentido del deber, es la primera. Si el nombre de Wellington hace hervir la sangre como el simple nombre de Nelson, la razón tal vez pueda deducirse de lo que llevamos dicho. Alfred[20], en su oda fúnebre al vencedor de Waterloo, no osa llamarlo el mayor soldado de todos los tiempos, aunque en la misma oda invoca a Nelson como «el marino más grande desde los inicios del mundo».