Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada
CAPÍTULO V
EL DESAYUNO
Rápidamente seguí su ejemplo, y descendiendo al bar, muy amigablemente abordé al sonriente posadero. No albergaba rencor hacia él, aunque hubiera estado mofándose no poco de mí en el asunto de mi compañero de cama.
Por más que una buena risa es cosa estupenda, y cosa estupenda más bien demasiado escasa; a más lamentar. Así que, si cualquier hombre, en su propia peculiar persona, alberga materia para gastar una buena broma a alguien, que no se retraiga, que alegremente permita que le empleen y emplearse de esa manera. Y en el hombre que tiene algo pródigamente risible en sí, estad seguros de que en ese hombre hay más de lo que quizá consideréis.
El bar estaba ahora lleno de los huéspedes que habían ido llegando la noche anterior, y a los cuales yo todavía no había echado una buena mirada. Casi todos eran balleneros; primeros oficiales, y segundos oficiales, y terceros oficiales, y carpinteros de barco, y toneleros de barco, y herreros de barco, y arponeros, y guardanaves: una compañía de boscosas barbas, curtida y fornida; un conjunto peludo, no trasquilado, vistiendo todos cazadoras a modo de batín de mañana.