Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Me dispararÃa en el acto —murmuró—, sÃ, ahà está el mismo mosquete con el que me apuntó… ése con la culata tachonada; voy a tocarlo… a levantarlo. Es extraño que yo, que he manejado tantas lanzas mortales, es extraño que tiemble tanto ahora. ¿Está cargado? Tengo que mirar. SÃ, sÃ; y pólvora en la cazoleta… eso no es bueno. ¿La derramo mejor?… Espera. Me libraré de esto. Sostendré el mosquete mientras pienso… Vengo a informarle de un viento favorable. Pero ¿favorable, cómo? Favorable para la muerte y la perdición… Es decir, favorable para Moby Dick. Es un viento favorable que sólo es favorable para ese execrable pez… ¡El mismo tubo con el que apuntó!… el mismo; éste… aquà lo sujeto; me habrÃa matado con esto mismo que ahora sostengo… SÃ, y de buen grado habrÃa matado a toda su tripulación. ¿No dice que no amainará sus vergas ante ninguna galerna? ¿No ha destrozado su cuadrante celeste?, ¿y no marcha a tientas en estos peligrosos mares sólo con la estima y la corredera plagada de errores? Y, en este mismo tifón, ¿no juró que no montarÃa pararrayos? ¿Es de tolerar mansamente que este enloquecido viejo arrastre a la compañÃa entera de un barco al fondo con él?… SÃ, resultarÃa ser el asesino deliberado de más de treinta hombres, si es que este barco acaba sufriendo un daño mortal; y sufrirá un daño mortal, mi alma jura que lo sufrirá si Ajab se sale con la suya. Si entonces, en este momento, él fuera… apartado, ese crimen no serÃa suyo. ¡Ja!, ¿está murmurando en sueños? SÃ, justamente ahà mismo… ahà mismo está durmiendo. ¿Durmiendo?, sÃ, pero aún vivo, y pronto despierto de nuevo. No puedo soportaros, no, viejo. Ni razonamiento, ni reclamación, ni súplica atendéis; de todo ello os burláis. Plana obediencia a vuestras propias planas órdenes, eso es todo lo que exhaláis. SÃ, y decÃs que los hombres han prestado su juramento; decÃs que todos nosotros somos Ajabs. ¡Que el gran Dios lo impida!… ¿Mas no hay otro camino?, ¿ningún camino legal?… ¿Encerrarle para llevarle a puerto? ¡Qué!, ¿esperar arrebatar el poder vivo de este viejo de sus propias vivas manos? Sólo un necio lo intentarÃa. Digamos, incluso, que fuera inmovilizado; atado todo él con cabos y calabrotes; encadenado a cáncamos de argolla en el suelo de esta cabina: serÃa, entonces, más espantoso que un tigre enjaulado. No podrÃa soportar verlo; no serÃa capaz de huir de sus alaridos; todo confort, el propio sueño, la inestimable razón me abandonarÃa en el largo e intolerable viaje. ¿Qué resta, entonces? La tierra está a cientos de leguas, y la más cercana es el cerrado Japón. Solo estoy, aquà en un mar abierto, con dos océanos y todo un continente entre la ley y yo… SÃ, sÃ, asà es… ¿Es el Cielo asesino cuando su rayo alcanza a un asesino en potencia en su lecho, haciendo arder sábanas y piel juntas?… ¿Y serÃa yo un asesino si…? —y lentamente, furtivamente, y mirando de soslayo, situó el extremo del mosquete contra la puerta.