Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada El arpón fue arrojado; la ballena alcanzada se lanzó avante; con ardiente velocidad la estacha pasó por la guía… se atascó. Ajab se inclinó para soltarla; la soltó; pero el lazo se le enroscó al vuelo en la garganta, y silenciosamente, como los mudos turcos asfixian a sus víctimas, salió disparado de la lancha antes de que la tripulación se apercibiera de que se había ido. En el instante siguiente, la pesada gaza del extremo final de la cuerda salió despedida de la tina completamente vacía, derribó a un remero y, chocando contra el mar, desapareció en sus abismos.
Durante un momento la estupefacta tripulación de la lancha permaneció quieta; entonces se volvió.
—¿Y el barco? Dios mío, ¿dónde está el barco?
Pronto, a través de oscuros, desconcertantes intermediarios, vieron su espíritu lateralmente desvaneciéndose, como en un gaseoso fatamorgana, sólo los mastelerillos fuera del agua; mientras que, bien por infatuación, o por fidelidad, o por el hado, asidos a sus antes elevadas perchas, los paganos arponeros todavía mantenían sus zozobrantes vigías sobre el mar. Y ahora círculos concéntricos atraparon a la propia lancha solitaria, y a toda su tripulación, y a cada remo flotante, y a cada asta de lanza, y haciendo girar lo animado y lo inanimado una y otra vez alrededor en un vórtice, hicieron desaparecer hasta la astilla más pequeña del Pequod.