Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Perdida por obra de una ballena! Joven, acercaos: ¡fue devorada, masticada, triturada, por la más monstruosa parmaceti [25] que jamás una lancha astillas hiciera!… ¡Ja, ja!
Me alarmé un poco por su arranque, también, quizá, me afectó un poco el sentido pesar de su exclamación final, pero, con toda la calma que pude, dije:
—Lo que dice es, sin duda, totalmente cierto, señor; pero ¿cómo podÃa yo saber que existÃa una peculiar ferocidad en esa particular ballena, aunque, en efecto, pudiera haber inferido tanto asà del simple hecho del accidente?
—Atended, joven; vuestros pulmones son de tipo fofo, ¿lo veis? No habláis con ningún mordiente. ¿Seguro que habéis navegado con anterioridad? ¿Estáis seguro?
—Señor —dije yo—, creo haberle dicho que habÃa hecho cuatro viajes en el servicio…
—¡Acabad con eso! Recordad lo que dije del servicio mercante… no me incomodéis… no lo voy a admitir. Mas entendámonos. Os he proporcionado un indicio de lo que es la pesca de la ballena; ¿todavÃa os sentÃs atraÃdos por ella?
—Lo estoy, señor.
—Muy bien. Veamos: ¿sois vos el hombre que lanzarÃa un arpón a la garganta de una ballena viva y que luego saltarÃa tras él? ¡Responded, rápido!