Moby Dick. Version ilustrada

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De forma que hay casos entre ellos de hombres que, bautizados con nombres bíblicos —una costumbre singularmente común en la isla—, y que en la niñez han embebido el altivamente dramático vos del habla cuáquera, a pesar de ello, de la audaz, arriesgada e ilimitada aventura de sus vidas posteriores, mezclan insólitamente con estas peculiaridades no olvidadas mil audaces rasgos de carácter no indignos de un rey del mar escandinavo o de un poético pagano romano. Y cuando estas características se unen en un hombre de fuerza natural considerablemente superior, con un cerebro globular y un corazón ponderal; que además, a causa del sosiego y el retiro de muchas largas guardias nocturnas en las aguas más remotas, y bajo constelaciones nunca vistas aquí en el norte, ha sido guiado a pensar de forma novedosa e independiente, recibiendo fresca toda impresión dulce o salvaje de la naturaleza desde su propio virginal, voluntario y confidente seno, y principalmente por ello, aunque también con cierta ayuda de fortuitas prerrogativas, a aprender un excelso lenguaje, inquieto y audaz… Ese hombre es único en el censo de toda una nación… una criatura de fasto poderoso, formada para nobles tragedias. Y no será para él un demérito, considerado dramáticamente, si, bien por nacimiento o por otras circunstancias, posee lo que aparenta ser una medio deliberada morbidez que predomina en el fondo de su naturaleza. Pues todos los hombres trágicamente grandes llegan a serlo por una cierta morbidez. Convenceos de esto, oh, joven ambición, toda mortal grandeza no es sino enfermedad. Mas de momento nosotros no tenemos que ocuparnos de alguien semejante, sino de otro muy distinto; y, aun así, un hombre que, aunque efectivamente peculiar, sólo es consecuencia de otra faceta del cuáquero, modificada por circunstancias individuales.


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