Moby Dick. Version ilustrada
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CAPÍTULO XVII
EL RAMADÁN
Como el Ramadán, o ayuno y humillación de Queequeg, iba a continuar durante todo el día, opté por no molestarle hasta el caer de la noche; pues albergo el mayor de los respetos hacia las obligaciones religiosas de todos, por muy cómicas que sean, y no encontraría sitio en el corazón para menospreciar ni siquiera a una congregación de hormigas que adoran a un sapo; ni a aquellas otras criaturas de ciertas zonas de nuestra tierra que, con un grado de servilismo completamente inaudito en otros planetas, hacen reverencias ante el torso de un terrateniente fenecido sólo por las desmesuradas posesiones todavía a su nombre, y a él arrendadas.