Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Puede que aquello que, junto con otras cuestiones, hacía de Stubb un hombre tan osado y flemático, que cargaba tan alegremente con el peso de la vida en un mundo lleno de buhoneros apesadumbrados, todos doblados hasta el suelo con sus cargas, aquello que le ayudaba a sacar fuera ese casi impío buen humor suyo; aquello debía ser su pipa. Pues, lo mismo que la nariz, su pequeña y corta pipa negra era uno de los rasgos constituyentes de su rostro. Casi antes esperarías que saliera de su compartimento sin su nariz que sin su pipa. Allí mantenía una fila entera de pipas sujetas en un anaquel, dispuestas y cargadas, a fácil alcance de la mano; y cada vez que se retiraba, las fumaba todas en sucesión, encendiendo una con la otra hasta el final del capítulo; cargándolas después otra vez para que estuvieran dispuestas de nuevo. Pues, cuando Stubb se vestía, en lugar de primero poner las piernas en sus pantalones, ponía su pipa en la boca.