Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Forzados, pues, a familiarizarse con prodigios tales como éstos, y sabiendo que tras intrépidos y repetidos ataques la ballena blanca habÃa escapado viva; no puede ser motivo grande de sorpresa que algunos balleneros fueran aún más lejos en sus supersticiones; declarando a Moby Dick no sólo ubicuo, sino inmortal (pues la inmortalidad sólo es la ubicuidad en el tiempo); que aunque en sus flancos se plantaran arboledas de lanzas, aún se alejarÃa nadando, indemne; o que si, efectivamente, alguna vez se le llegara a hacer chorrear sangre espesa, tal visión sólo serÃa un espectral engaño, pues de nuevo en olas no ensangrentadas, a cientos de leguas de distancia, su impoluto surtidor serÃa avistado otra vez.
Mas incluso desprovisto de estas sobrenaturales presunciones, suficiente habÃa en la terrenal constitución e incontestable carácter del monstruo como para avivar la imaginación con inusual vigor. Pues no era tanto su desmedida mole, que de tal manera lo distinguÃa de otros cachalotes, sino, como se profirió en otro lugar… una peculiar frente arrugada, blanca como la nieve, y una alta y piramidal joroba blanca. Éstos eran sus rasgos prominentes, los signos por los que, incluso en los ilimitados mares no cartografiados, desde una gran distancia revelaba su identidad a aquellos que lo conocÃan.