Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada ¡Pero observad! Aquà vienen más gentes, andando derechas hacia el agua, y aparentemente dispuestas a una zambullida. ¡Es extraño! Con nada se conformarán que no sea el lÃmite último de la tierra; no será suficiente con pasear al sombreado socaire de aquellos almacenes. No. Han de llegar lo más cerca que puedan del agua sin caer a ella. Y ahà están… millas de ellos… leguas. De tierra firme todos, vienen de pasajes y callejones, calles y avenidas… del norte, el este, el sur y el oeste. Y, sin embargo, aquà todos se unen. Decidme: ¿los atrae allà la virtud magnética de las agujas de los compases de todos esos barcos?
Una vez más. Digamos que estáis en el campo, en unas altas tierras de lagos. Tomad casi cualquier camino que deseéis, y apuesto diez contra uno que os conduce a un valle y que allà os deja junto a un remanso de la corriente. Hay magia en ello. Dejad que el más despistado de los hombres se sumerja en sus más profundas ensoñaciones… haced que ese hombre esté erguido, poned en marcha sus pies, e infaliblemente, si es que hay agua en esa región, os conducirá al agua. Si en alguna ocasión estáis sedientos en el gran desierto americano, probad a hacer este experimento si es que vuestra caravana resulta estar provista de algún metafÃsico profesor. SÃ, la meditación y el agua, como todo el mundo sabe, de por siempre están emparejadas.