Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Pero lo que más te desconcertaba y confundÃa era una larga, elástica, portentosa masa negra de algo cerniéndose en el centro del cuadro sobre tres lÃneas azules, tenues, perpendiculares, flotando en un innominado fermento. Un cuadro verdaderamente encenagado, encharcado y fangoso; lo bastante para sacar de quicio a un hombre excitable. Sin embargo, habÃa en él una especie de indefinida, inimaginable, medio lograda sublimidad, que prácticamente te dejaba a él pegado, hasta que involuntariamente te jurabas a ti mismo descubrir qué significaba la maravillosa pintura. De cuando en cuando una idea brillante, pero, ay, engañosa, te traspasaba… Es el mar Negro en una tormenta de medianoche… Es el combate antinatural de los cuatro elementos primigenios… Es un páramo azotado por el viento… Es una escena de invierno hiperbóreo… Es la ruptura de la corriente congelada del tiempo. Mas al final todas estas fantasÃas cedÃan ante ese algo portentoso y singular en medio del cuadro. Eso ya descubierto, y todo lo demás serÃa sencillo. Pero alto ahÃ: ¿no guarda un cierto parecido con un pez gigante?, ¿incluso con el propio leviatán?