Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada La principal razón que tenía un viejo ballenero de Sag-Harbor para poner en duda la historia hebrea era ésta: poseía una de esas anticuadas y artificiosas biblias embellecidas con peculiares láminas acientíficas; una de ellas representaba la ballena de Jonás con dos chorros en su cabeza… una peculiaridad sólo cierta en referencia a una especie del leviatán (la ballena franca y las variedades de ese orden), sobre la cual los pescadores tienen el dicho «un paquete de monedas le ahogaría»; así de pequeño es su trago. Mas frente a esto, disponemos de la respuesta anticipativa del obispo Jebb. No es necesario, sugiere el obispo, que consideremos a Jonás enterrado en el estómago de la ballena, sino temporalmente alojado en alguna parte de su boca. Y esto parece suficientemente razonable en el buen obispo. Pues, ciertamente, la boca de la ballena franca albergaría un par de mesas de whist y acomodaría confortablemente a todos los jugadores. Posiblemente, también, Jonás podría haberse ocultado en un diente hueco; aunque, considerándolo de nuevo, la ballena franca no tiene dientes.