Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Ved con qué total libertad el ballenero lleva su puñado de lámparas —aunque a menudo sólo botellas y frascos viejos— hasta el enfriadero de cobre del fogón, y allà las rellena como si fueran jarras de cerveza en un barril. Quema, además, el más puro de los aceites en su estado no manufacturado y, por tanto, no viciado; un fluido desconocido para los artilugios solares, lunares o astrales de tierra firme. Es dulce como la mantequilla de hierba nueva de abril. Él va a la caza de su propio aceite para poder estar seguro de su frescura y autenticidad, lo mismo que un viajero en las praderas caza su propia cinegética cena.