Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Esto lo hizo no sólo de manera educada, sino también amable y caritativa. Yo me quedé mirándole un momento. A pesar de todos sus tatuajes era en conjunto un canÃbal limpio, de aspecto decoroso. ¿Qué ha sido todo este jaleo que he estado haciendo?, pensé para mà mismo… El hombre es un ser humano exactamente como yo: tiene tanta razón para temerme como yo para estar asustado de él. Mejor dormir con un canÃbal sobrio que con un cristiano borracho.
—Posadero —dije—, dÃgale que se guarde ese tomahawk suyo, o pipa, o como quiera llamarlo; en breve, dÃgale que deje de fumar, y me meteré con él. Pues no me agrada tener un hombre fumando en la cama conmigo. Es peligroso. Además, no estoy asegurado.
Dicho esto a Queequeg, inmediatamente lo cumplió, y de nuevo me indicó cortésmente que me metiera en la cama… desplazándose a un lado tanto como si dijera: no os tocaré ni una pierna.
—Buenas noches, posadero —dije yo—, puede marcharse.
Me metà en la cama, y nunca dormà mejor en mi vida.