Moby Dick

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Muy fácilmente podías decir cuánto tiempo había estado en tierra cada uno. La sana mejilla de este joven es de una tonalidad como la pera tostada al sol, y pareciera oler casi así de almizcleña; no puede llevar tres días desembarcado de su viaje a la India. El hombre a su lado parece unos tonos más claro; podrías decir que en él hay un toque de madera de satín. En el aspecto de un tercero todavía perdura un bronceado tropical, aunque, con todo, levemente blanqueado; él, sin duda, ha permanecido semanas enteras en tierra. Mas quién podía lucir una mejilla como la de Queequeg, que, rayada con diversas tinturas, parecía mostrar, como la vertiente occidental de los Andes, climas contrapuestos, zona a zona.

—¡El condumio! —gritó ahora el posadero, abriendo de golpe la puerta; y adentro fuimos a desayunar.








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