Moby Dick
Moby Dick Por fin se aproximaba la temporada del ecuador; y cada dÃa, cuando Ajab, al salir de su cabina, alzaba sus ojos a lo alto, el vigilante timonel manejaba ostentosamente sus cabillas, y los ansiosos marineros corrÃan a las brazas rápidamente, y allà permanecÃan, todos sus ojos centralmente fijos en el doblón clavado; impacientes ante la orden de orientar la proa del barco hacia el ecuador. A su momento, la orden llegó. Fue exactamente a mediodÃa; y Ajab, sentado en la proa de su lancha izada, iba a comenzar a tomar su acostumbrada observación diaria del sol para determinar la latitud.
