Moby Dick
Moby Dick Los climas más cálidos son los que engendran los más crueles colmillos: el tigre de Bengala se agazapa en fragantes espesuras de incesante verdor. Los cielos más refulgentes son los que empacan los más mortÃferos truenos: la esplendorosa Cuba sabe de tornados que nunca barrieron las dóciles tierras del norte. Asà es también que en estos resplandecientes mares del Japón el marinero tropieza con la más terrible de todas las tormentas, el tifón. Revienta a veces de un cielo lÃmpido de nubes, como una bomba que estalla sobre una aletargada y somnolienta ciudad.
Al caer la tarde de aquel dÃa, al Pequod le fue arrancado el trapo, y con la arboladura al aire quedó para combatir un tifón que le habÃa golpeado directamente de frente. Cuando llegó la oscuridad, cielo y mar rugieron y se partieron con el trueno, y se incendiaron con el relámpago, que mostró los inhabilitados mástiles flameando aquà y allá con los jirones que la inicial furia de la tempestad habÃa dejado para su posterior solaz.
