Moby Dick
Moby Dick Mas refrenado de pronto por algún pensamiento adverso, se apresuró al timón, requiriendo rudamente cómo aproaba el barco.
—Este-Sudeste, señor —dijo el asustado piloto.
—¡MentÃs! —golpeándole con su puño cerrado—. ¿Se dirige al Este a estas horas de la mañana, y el sol a popa?
Ante lo cual todos los hombres quedaron confundidos; pues el fenómeno observado en ese momento por Ajab se les habÃa escapado inexplicablemente a todos los demás; su misma cegadora palpabilidad debÃa haber sido el motivo.
Introduciendo media cabeza dentro de la bitácora, Ajab echó una ojeada a los compases; su brazo levantado cayó lentamente; durante un instante casi pareció tambalearse. En pie tras él, Starbuck miraba, y ¡hete aquÃ!, los dos compases apuntaban al Este, y el Pequod, igual de infaliblemente, iba hacia el Oeste.
Mas antes de que la inicial descontrolada alarma pudiera extenderse entre la tripulación, el viejo exclamó con una rÃgida carcajada:
—¡Lo tengo! Ha ocurrido antes. Señor Starbuck, los truenos de la última noche dieron la vuelta a nuestros compases… Eso es todo. Vos habÃais oÃdo hablar antes de ahora de semejante cosa, asumo.