Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

125. La corredera

A pesar de que el predestinado Pequod llevaba ya tanto tiempo navegando en esta expedición, la corredera muy raramente había sido utilizada. Basándose en una confiada certeza en otros medios de determinar la situación del navío, algunos mercantes, y muchos balleneros desatienden completamente echar la corredera, en especial cuando hacen travesía; aunque al mismo tiempo, y a menudo más por conservar las formas que por otra cosa, registran regularmente sobre la usual tablilla el curso seguido por el barco, así como la velocidad media de avance a cada hora. Tal había sucedido con el Pequod. El carretel de madera y la adjunta barquilla angular colgaban sin tocar desde hacía tiempo bajo la batayola de la amurada de popa. La lluvia y las rociadas los habían empapado; el sol y el viento los habían alabeado; todos los elementos se habían combinado para pudrir unos objetos que pendían con tanta ociosidad. Pero a Ajab, ajeno a todo esto, le dio por ahí cuando no muchas horas después de la escena del imán acertó a ver el carretel y recordó que su cuadrante ya no existía, y rememoró su arrebatado juramento sobre la corredera. El barco navegaba con viveza; a popa las olas ondeaban amotinadas.

—¡Eh, a proa! ¡Echad la corredera!

Dos marineros vinieron: el tahitiano de color dorado y el grisáceo hombre de la isla de Man.

—Tomad uno de vosotros el carretel, yo halaré.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker