Moby Dick

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127. La cubierta

(El ataúd puesto sobre dos cubetas de estacha, entre el banco de carpintero y la escotilla abierta; el carpintero calafateando sus juntas; la cuerda de estopa desenrollándose lentamente de una gran bobina albergada en el pecho de su levita… Ajab viene lentamente desde el portalón de la cabina, y escucha a Pip, que le sigue.)

—Atrás, muchacho; estaré con vos otra vez enseguida. ¡Se va! Ni esta mano actúa más acorde, a mi parecer, que ese muchacho… ¡La nave central de una iglesia![148]. ¿Qué hay aquí?

—Salvavidas, señor. Órdenes del señor Starbuck. ¡Oh, atención, señor! ¡Cuidado con la escotilla!

—Gracias, amigo. Vuestro ataúd está a mano de la cripta.

—¿Señor? ¿La escotilla? ¡Ah! Efectivamente, señor, efectivamente.

—¿No sois vos el hacedor de piernas? Observad, ¿no salió este muñón de vuestro taller?

—Creo que así es, señor; ¿aguanta el regatón, señor?

—Suficiente. Pero ¿no sois vos también el enterrador?

—Sí, señor; yo amañé aquí esto como ataúd para Queequeg; pero me han puesto ahora a convertirlo en otra cosa.


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