Moby Dick
Moby Dick «Pero, ¡oh, compañeros! Del lado de estribor de cada desgracia hay con seguridad deleite; y más alta es la cumbre de ese deleite que profundo el fondo de la desgracia. ¿No está más alta la galleta del mayor que baja está la sobrequilla? El deleite —un deleite muy, muy arriba y hacia el interior— es para el que, en contra de los orgullosos dioses y comodoros de esta tierra, siempre se yergue en su propio e inexorable ser. El deleite es para aquel cuyos fuertes brazos todavÃa le sostienen cuando el barco de este abyecto y traicionero mundo se ha hundido bajo él. El deleite es para aquel que en la verdad no da cuartel, y que mata, quema y destruye todo pecado, aunque lo extraiga de debajo de las togas de jueces y senadores. El deleite… un deleite de sobrejuanete, es para aquel que no reconoce ley o señor, sino al Señor su Dios, y sólo es patriota del Cielo. El deleite es para aquel al que todas las olas de los mares de la turbulenta canalla nunca pueden apartar de su segura quilla eterna. Y eterno deleite y delicia será propio de quien, viniendo a yacer, puede decir con su último aliento… ¡Oh, Padre!… Conocido especialmente de mà por vuestra vara… mortal o inmortal, aquà muero. Me he esforzado por ser vuestro más que por ser del mundo o mÃo propio. Aun asÃ, esto no es nada; dejo a Vos la eternidad: pues ¿qué es el hombre, para que haya de vivir el tiempo de vida de su Dios?»