Moby Dick
Moby Dick Habíamos estado de esta manera tumbados en la cama, charlando y dormitando a cortos intervalos, y Queequeg de vez en cuando echando afectivamente sus tostadas piernas tatuadas sobre las mías, y retirándolas entonces de nuevo; así de enteramente sociables y cómodos estábamos; cuando finalmente, a causa de nuestras charlas, la poca somnolencia que quedaba en nosotros desapareció completamente, y nos entraron ganas de levantarnos de nuevo, aunque el despuntar del día todavía estaba algo lejos en el futuro.
